Conejos, mixomatosis, águilas imperiales y lince ibérico

Un pulso a la naturaleza en la que el ser humano, siempre lleva las de perder.

En el momento en el que el ser humano se siente desconectado de la naturaleza y piensa  que lo que ocurre ahí fuera no le afecta y por lo tanto puede actuar de forma arbitraria, manipulando y desestabilizando su equilibrio, es el momento en el que estamos cavando nuestra propia tumba, una tumba que por desgracia para todos, llevamos cavando hace mucho tiempo.

Es importante ser conscientes de que nada de lo que existe, existe por casualidad, sino tras millones de años de evolución en los que la naturaleza ha seleccionado qué y quien debe estar en el sitio que está.

Un ejemplo claro lo tenemos cuando en el siglo XIX un colono inglés (Thomas Austin),  introdujo en su finca de Nueva Gales del Sur ( Australia), seis parejas de conejos por su cuenta y riesgo, pensando que no pasaba nada. El problema es que al no tener predadores naturales, el conejo en Australia, se convirtió en plaga y a principios del siglo XX, esta plaga de conejos, llegó a comerse una extensión de hierba equivalente a la superficie de toda Francia, por lo que para atajar semejante desastre, un médico Francés,( Armand Delille)  perfeccionó el virus de la mixomatosis, consiguiendo acabar con el 90% de los conejos Australianos, pero mira por donde, España, (que debe su nombre al que le pusieron los Romanos “Hispania” (Tierra de conejos) sorprendidos por la gran cantidad que de ellos había en la Península de forma natural y por lo tanto, formando parte de nuestra cadena trófica), también sufrió las consecuencias de este virus, consiguiendo con esto llevar al borde de las extinción, al Lince Ibérico o al Águila Imperial, especies emblemáticas de nuestra tierra y que tienen como base alimenticia al conejo.

Son muchos millones de Euros, los  que se han invertido para que al menos el Lince Ibérico y el Águila Imperial, dejen de estar en peligro de extinción, pero como el ser humano tropieza una y otra vez con la misma piedra, resulta que en Australia y haciendo gala al bien hacer de la Naturaleza en la que no es el más fuerte el que sobrevive, si no el que mejor se adapta, muchos conejos se han hecho inmunes a la mixomatosis, volviendo a ser una amenaza para aquel ecosistema.

¿Qué solución han encontrado?

Desarrollar una nueva cepa K5 del virus de la enfermedad hemorrágica del conejo, que para colmo tiene una supervivencia de varios meses.

Esto significa que cualquier persona que viaje de Australia a España, puede portar el virus en su ropa o calzado, haciéndonos retroceder a los años 50 y conseguir que todos los esfuerzos realizados hasta ahora, no hayan servido para nada y que de nuevo, de forma indirecta, el Lince y el Águila Imperial, entre otras especies, entren en recesión y esto se convierta en el cuento de nunca acabar… o quizás sí. Y el final de este cuento no sea precisamente, un final feliz.

El conejo de monte, que es de quien estamos hablando en esta ocasión, es de vital importancia para el ecosistema mediterráneo y es un ejemplo tangible de cómo, desestabilizando una población, perjudicamos a otras, pero nuestra arrogancia, nos hace pensar que a golpe de talón se soluciona todo, cuando la solución es tan sencilla como la de dejar actuar a la propia Naturaleza.      

laguna zoñar

Jamás debemos olvidar que somos un eslabón más y que somos tan vulnerables como cualquier otro eslabón de esta cadena, que estos parches que inventamos para ir saliendo del paso y que de paso sea dicho, enriquece a tantas personas, lo único que hace es acelerar nuestra propia destrucción.

Dejemos actuar a la Naturaleza de forma Natural  y actuemos nosotros de la misma forma. Si hay que controlar una población, que sea como lo hemos hecho desde el principio de los tiempos, Cazando y Pescando, no introduciendo virus ni envenenando aguas, ya que al final, todo esto se vuelve contra nosotros y vamos a conseguir, que estas películas futuristas en las que se ve al ser humano infectado y comiéndonos unos a otros, se conviertan en realidad.

Si no te gusta la Caza o la Pesca, no lo hagas y deja que otros lo hagan por ti, siempre y cuando se practique dentro de lo que indica la ley, pero jamás intentes imponer tu postura con alternativas que están más que probadas que no funcionan a largo plazo, por mucho que las intenten justificar.

Nuestro futuro, aún está en nuestras manos.

No lo dejemos escapar.

 

J.C.

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